En busca de una minería innovadora y sustentable en Latinoamérica

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Desde la mitad de la década de los 90 los países latinoamericanos fueron convirtiéndose en destino atractivo para la inversión minera extranjera, en gran parte por los marcos regulatorios establecidos que brindaron estabilidad jurídica y seguridad de la tenencia minera, así como incentivos para las etapas de exploración y explotación.

Este proceso dio como resultado grandes inversiones en el sector metalífero, principalmente de empresas transnacionales. Sin embargo, a pesar de este crecimiento de la actividad minera, en la región no se ha creado valor agregado significativo a partir de la generación una masa de empresas mineras innovadoras.

Distinto es el caso de algunos países industrializados como Canadá o Australia que se han desarrollado combinando la disponibilidad de recursos mineros con la innovación en los servicios, tecnologías y productos en torno a éstos. En el caso de Australia, las exportaciones del sector minero representan la mayor fuente de generación de valor agregado doméstico tanto de forma directa (por parte de las propias compañías que explotan las minas) como a través proveedores de servicios y productos intermediarios.

Esta estrategia de desarrollo es hoy posible para otros países dotados de recursos naturales gracias a nuevas formas de innovación que hasta ahora no habían sido consideradas. La innovación puede desarrollarse poderosamente a través de la interacción y los vínculos entre las compañías mineras, sus proveedores y otras organizaciones activas en el sistema de innovación, tales como universidades y centros de investigación. Además, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), los nuevos materiales y la biotecnología, aplicadas al sector minero, abren oportunidades para que nuevos proveedores de países emergentes accedan y agreguen valor a las cadenas de valor de la minería.

Oportunidades para una minería innovadora

Las empresas mineras demandan cada vez más soluciones específicas a sus proveedores para contrarrestar la productividad decreciente de las minas existentes, reducir costos operativos, o bien, trabajar bajo condiciones geográficas únicas y frecuentemente extremas, como como en Bolivia, Chile y Perú donde las operaciones mineras se llevan a cabo en altitudes muy elevadas, en vetas estrechas y en climas especialmente secos. Un claro ejemplo sería la mina La Rinconada, en Puno, Perú, que a 5,100 metros sobre el nivel del mar es la más alta del mundo. Aquí, el equipamiento estándar y las soluciones tecnológicas existentes no ofrecen el mismo desempeño y, por tanto, existe la necesidad de adaptarlos o desarrollar otros nuevos.

demás, nuestras investigaciones* han demostrado que progresos científicos recientes han abierto nuevas oportunidades tecnológicas para la industria minera. Estas incluyen avances revolucionarios en las TIC, sistemas de visión por computadora, satélites y otras aplicaciones de teledetección, avances en biología molecular y sintética para biolixiviación (extracción de metales pesados de los minerales mediante el uso de organismos vivos) y biorremediación de contaminantes para cobre y oro.

En Chile, la empresa Micomo desarrolló tecnologías de monitoreo altamente innovadoras a través de fibra óptica que ayudan a los procesos de extracción. Las tecnologías de Power Train   ingresaron al mercado con nuevos sistemas de control remoto para camiones que operan a temperaturas muy altas, y sistemas de monitoreo inalámbrico los cuales permiten predecir los puntos de desgaste de los equipos clave, anticipando reemplazos y evitando detener las operaciones. En Brasil, Geoambiente desarrolló mapas geológicos sofisticados , sensores e imágenes de radar que ayudan en las fases de exploración, prediciendo los contenidos de minerales o áreas propensas a la erosión con el fin de monitorear los impactos ambientales. Esta compañía es ahora el mayor socio de Google en Brasil.

Desafíos para la región

A pesar de estos ejemplos virtuosos en la región, la evidencia demuestra que dicho éxito se ha limitado a sólo unas cuantas empresas locales y que las políticas públicas son a menudo insuficientes para facilitar las actividades de innovación, las cuales suelen distinguirse por tener altos costos y requerir de infraestructura especializada; por ejemplo, espacios para probar prototipos que simulen operaciones en el subsuelo.

Asimismo, la organización de cadenas jerárquicas de valor en la minería frecuentemente limita las oportunidades de innovación y aprendizaje de las empresas locales. Las grandes compañías mineras difícilmente forjan vínculos formales a largo plazo y se comprometen en proyectos de innovación en colaboración con proveedores locales. Por el contrario, tienden a depender de proveedores establecidos (incumbents en inglés), y cuando surgen nuevos desafíos tecnológicos, confían en soluciones que provienen de la sede central en el extranjero o de sus proveedores internacionales, generando una dependencia que limita la introducción de tecnologías locales.

Sin embargo, a pesar de los avances en la investigación, quedan muchas áreas sobre las cuales no sabemos mucho aún, y en las cuales el BID, en colaboración con los gobiernos de la región, podrían aportar mucho a fin de expandir el número de empresas que se integran exitosamente a las cadenas de valor a través del ofrecimiento de servicios altamente tecnológicos y/o productos innovadores.

Por ello, desde la Universidad de Naciones Unidas -Merit, estamos colaborando con el BID en una serie de estudios sobre competitividad e innovación en la minería en América Latina y el Caribe. Buscamos conocer mejor cómo se pueden generar espacios de desarrollo para proveedores locales en consideración de la organización del sector y de las cadenas mineras, cuáles son los momentos clave para abrir dichos espacios. Asimismo, buscamos entender específicamente cuáles eslabones de la cadena ofrecen mayores y mejores oportunidades de inserción y creación de valor.

Fuente: BID.

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